Eibarko Udala
sociedad

Eibar define su hoja de ruta social para la próxima década ante el reto de la convivencia

16/04/2026
El alcalde Jon Iraola, acompañado por la concejala de Servicios Sociales, Sonia Archeli, en la presentación del Diagnóstico Social.
El alcalde Jon Iraola, acompañado por la concejala de Servicios Sociales, Sonia Archeli, en la presentación del Diagnóstico Social.

El Diagnóstico Social identifica el envejecimiento, la vivienda y la cohesión social como desafíos prioritarios. El día 21 tendrá lugar una exposición pública a las 18:00 horas en el Salón de Plenos.

Eibar afronta los próximos años con una radiografía precisa de su realidad social. El Diagnóstico Social presentado en rueda de prensa este jueves, 16 de abril, traza un análisis profundo del municipio y sitúa la convivencia como uno de los grandes retos del siglo XXI, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población, los cambios en las relaciones sociales y la necesidad de adaptar las políticas públicas a nuevas realidades.

El estudio, elaborado a partir de más de 500 encuestas a pie de calle, entrevistas a representantes políticos y agentes sociales, foros participativos y análisis de datos institucionales, plantea la necesidad de evolucionar desde modelos tradicionales, más verticales y normativos, hacia fórmulas más abiertas, donde la ciudadanía tenga un papel activo en la construcción de la ciudad.

El alcalde de Eibar, Jon Iraola, ha subrayado que “Eibar es una ciudad con una identidad muy definida, con raíces industriales y un fuerte sentimiento de pertenencia, pero los cambios sociales nos obligan a adaptarnos. La convivencia no se garantiza sola: hay que trabajarla, cuidarla y construirla entre todos, desde lo público y también desde la implicación de la ciudadanía”.

El documento sitúa a Eibar en una posición singular, tanto por su ubicación estratégica en Debabarrena como por su configuración urbana. La orografía, con un valle estrecho y escasez de suelo llano, ha condicionado históricamente un crecimiento vertical y una alta densidad urbana. A ello se suma una estructura demográfica marcada por el envejecimiento —con un índice superior al 190%— y una realidad social cada vez más diversa.

En este escenario, el diagnóstico identifica tendencias que ya están presentes en muchas ciudades europeas: aumento del individualismo, debilitamiento de los vínculos sociales tradicionales, fragmentación y cierta distancia entre instituciones y ciudadanía. A pesar de ello, el estudio también pone en valor una base sólida, con redes sociales activas y un alto grado de arraigo.

La concejala de Servicios Sociales, Sonia Archeli, ha explicado que “los datos reflejan una realidad compleja. Tenemos una red de atención fuerte y comprometida, pero cada vez más exigida. Las situaciones de vulnerabilidad son más diversas y requieren respuestas más flexibles, más cercanas y mejor coordinadas”.

Uno de los elementos más significativos del estudio es la percepción ciudadana. Aunque una mayoría valora positivamente la convivencia en el municipio, existe un porcentaje relevante que la califica como “regular”, lo que apunta a un malestar cotidiano que no siempre se traduce en conflictos abiertos, pero que sí refleja cambios en la vida diaria, en los barrios y en las relaciones entre vecinos.

Ese malestar se manifiesta en cuestiones concretas: la limpieza, el ruido, el tráfico, la accesibilidad o la percepción de inseguridad. También en preocupaciones de mayor calado, como el acceso a la vivienda, especialmente para la juventud, o la pérdida progresiva de comercio local, con el impacto que ello tiene en la vida urbana.

El informe también evidencia diferencias entre zonas de la ciudad, con una concentración significativa de intervenciones policiales y sociales en áreas como el Centro y Urkizu, y con una percepción creciente de desequilibrio entre el dinamismo del centro y la situación de algunos barrios.

A nivel institucional, el estudio recoge la visión de representantes políticos que coinciden en señalar la necesidad de avanzar hacia un modelo más ágil y transversal. Entre las principales áreas de mejora destacan la proyección económica, la calidad de vida, las infraestructuras y las relaciones ciudadanas.

En paralelo, los foros con agentes sociales y técnicos municipales han permitido identificar preocupaciones compartidas: la segregación escolar, la existencia de infraviviendas, la falta de espacios adecuados para jóvenes, el impacto del envejecimiento o la sensación de que la administración puede resultar lenta o excesivamente burocrática.

“El gran reto es pasar de un modelo en el que la institución responde a demandas a otro en el que también facilita, acompaña y genera oportunidades para que la ciudadanía se implique”, ha señalado Iraola. “No se trata solo de gestionar, sino de construir ciudad de una manera más compartida y cercana”.

El diagnóstico plantea, además, la necesidad de intervenir desde distintos niveles: el político-técnico, el de la sociedad organizada y el de la ciudadanía no asociada. Esta visión multinivel busca responder a una realidad compleja, en la que los problemas no pueden abordarse desde un único ámbito.

Entre las líneas de actuación propuestas destacan el impulso del trabajo comunitario, la creación de espacios de mediación, el refuerzo de la participación ciudadana y el desarrollo de iniciativas que favorezcan el encuentro y la relación entre personas de distintas edades y orígenes.

En el ámbito urbano, se plantea avanzar hacia un modelo más centrado en el cuidado y la calidad de vida, con actuaciones como la rehabilitación de vivienda vacía, la mejora de la accesibilidad, la creación de espacios cubiertos para el ocio o la regeneración de zonas como Txonta.

También se subraya la importancia de apoyar al comercio local y de impulsar un modelo económico que combine la fortaleza industrial con nuevas oportunidades vinculadas a la innovación y los servicios.

Archeli ha insistido en que “las soluciones no pueden ser únicamente técnicas. Necesitamos escuchar, entender y trabajar con las personas. Hay que facilitar espacios de encuentro, reducir barreras y garantizar que nadie se quede fuera, especialmente en un contexto de cambio social tan intenso”.

El documento concluye con una idea clara: Eibar cuenta con una base sólida, pero el desafío de los próximos años pasa por reforzar los vínculos sociales, mejorar la calidad de vida cotidiana y adaptar las políticas públicas a una realidad en transformación.

“El futuro de Eibar no pasa por hacer grandes cambios de rumbo, sino por afinar, cuidar y mejorar lo que ya tenemos”, ha concluido el alcalde. “Se trata de construir una ciudad más amable, más inclusiva y preparada para responder a los retos que ya están aquí”.

El día 21 tendrá lugar una exposición pública a las 18:00 horas en el Salón de Plenos.